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08/07/2011

Por qué no veremos pronto la vacuna contra el sida (ni contra el cáncer)



Siguiendo las indicaciones de uno de los lectores del blog leí la entrevista que realizaron al premio Nobel de Medicina de 1993 Richard Roberts en la que afirmaba categóricamente que "para los laboratorios farmacéuticos no es rentable generar fármacos para curar las enfermedades sino para convertirlas en crónicas". [1]

La frase, aunque pueda parecer excesivamente contundente, es bastante razonable, más aún saliendo de la boca de un premio Nobel. Todos los sectores industriales y financieros tienden a poner en marcha cualquier maniobra necesaria para mantener y aumentar sus beneficios; y en muchos casos estas maniobras están bastante alejadas de la ética y la moral (algo que, desgraciadamente, escasea en nuestro tiempo). Sirva como ejemplo la fabricación de bombillas. Si las bombillas tuvieran una vida eterna, sólo haría falta comprarlas una vez, y los fabricantes de bombillas se arruinarían rápidamente. Sin embargo, se sabe que las bombillas tienen una duración aproximada de 1.000 horas, deliberadamente impuesta por los fabricantes, para mantener una producción constante y unos beneficios crecientes. [2]

Si todo el mundo tuviera una máquina para hacer pan, los panaderos se arruinarían. Si las camisas y los pantalones duraran eternamente, Amancio Ortega no sería la persona más rica de España; y si los fármacos curasen todas las enfermedades, las compañías farmacéuticas disminuirían sus beneficios.

Es duro reconocerlo, pero es la realidad. Y con las compañías farmacéuticas también sucede. Un ejemplo es lo que está sucediendo con el sida y que analicé en profundidad en el capítulo 12 de El Médico Escéptico, por lo que no me detendré a repetirlo aquí.


El proceso y los costes de inventar un fármaco

Es indudable que las compañías farmacéuticas hacen un gran bien. Invierten miles de millones de euros en investigar nuevas moléculas para inventar nuevos tratamientos. Sólo 1 de cada 9.000 moléculas investigadas tiene una utilidad, y de éstas, sólo un 20% sale finalmente al mercado. Además, un fármaco puede llegar a tardar hasta 20 años en salir al mercado. Es imaginable el coste económico que tiene todo este proceso. Y, en el mundo actual, sólo el Estado y las grandes empresas farmacéuticas (y no las universidades ni los pequeños laboratorios) tienen la capacidad para esta investigación a gran escala.

Parece razonable, entonces, que las empresas farmacéuticas tengan una patente que dure entre 15-25 años para explotar en exclusiva su descubrimiento y "recuperar" el dinero invertido en los años de investigación y desarrollo. Es lo que se llama "patente", es decir, el monopolio legal para el uso de una invención que impide a otros utilizarla y que dura unos 20 años desde la fecha de la solicitud.
El concepto de patente está intimamente enraizado en la naturaleza humana y se recoge incluso en la Constitución de los Estados Unidos de América.

Es gracias a las grandes compañías farmacéuticas que existen fármacos contra la migraña, contra el sida, contra el cáncer, contra el Parkinson... gracias a las grandes compañías farmacéuticas nuestros seres queridos y nosotros mismos vivimos más y mejor. Entonces ¿cuál es el problema?


Pero no todo es tan bonito

El primer problema es consecuencia de todo lo anterior. Si las grandes compañías farmacéuticas son las únicas instituciones capaces de generar investigación a gran escala, entonces sería razonable pensar que son las únicas que tienen la capacidad para inventar e investigar acerca de los grandes retos de la medicina moderna, es decir, una vacuna contra el sida o una "vacuna" contra el cáncer.
No todos los cánceres son iguales, y tienen mecanismos patogénicos distintos, por lo que es poco probable que lleguemos a ver algún día una vacuna definitiva contra cualquier tumor. Pero con el sida sí que es probable. Y de hecho hay quien dice (sin pruebas fehacientes) que la vacuna contra el sida YA está descubierta, pero que están esperando a que las patentes de los fármacos antirretrovirales expiren. Yo no sé si eso es verdad o no. Pero me extrañaría ver una vacuna contra el sida en los próximos 10-15 años.

El segundo problema tiene que ver con los grandes costes implicados en la investigación biomédica. Algunos análisis concluyen que el gran gasto que efectúan las compañías farmacéuticas no es tanto en investigación sino en márketing y que el 80% del personal de las compañías farmacéuticas está implicada en tareas de promoción y de publicidad. [3]
Los médicos no somos ajenos a este hecho, ya que somos frecuentemente "asediados" por visitadores enviados por las empresas farmacéuticas para "recordarnos" lo bueno que es uno de sus fármacos, "informarnos" acerca de la nuevas aplicaciones de una molécula o "animarnos" a que tratemos a nuestros pacientes con esa pastilla porque ha demostrado numerosos beneficios.Por no hablar de los obsequios y beneficios (desde bolígrafos hasta viajes) que las compañías farmacéuticas ofrecen a los médicos por diversos cometidos, pero ese es otro tema.
De modo que, según esta información, si las farmacéuticas no invirtieran tantísimo dinero en márketing, el precio de los fármacos podría disminuir, pero probablemente también disminuirían sus ventas... Sería la pescadilla que se muerde la cola.

Conclusion
Es innegable que, gracias a las compañías farmacéuticas tenemos fármacos muy beneficiosos, que nos hacen vivir más y mejor. Estas grandes compañías mantienen sus estrategias para mantener y aumentar sus beneficios y el de sus accionistas. Queda la incógnita si el sistema actual es el más idóneo o si no existen otras alternativas que generen menos malestar. Puede que en un término medio, en el que las compañías farmacéuticas tengan patentes durante menos años y luego de manera voluntaria las donen, se encuentre la virtud. Algo parecido ha sucedido recientemente, cuando la compañía farmacéutica Gilead ha cedido patentes de fármacos antisida para que se puedan fabricar genéricos en India.

Para profundizar en el tema puede resultar interesante la lectura del libro "Ética en la industria farmacéutica: entre la economía y la salud" escrito por el Prof. José López Guzmán.


Referencias
1.http://hemeroteca.lavanguardia.com/preview/2007/07/27/pagina-64/60624346/pdf.html?search=%22Richard%20Roberts%22

2. Para profundizar el tema se puede ver el documental dirigido por Cosima Dannoritzer acerca de la obsolescencia programada: http://www.rtve.es/noticias/20110104/productos-consumo-duran-cada-vez-menos/392498.shtml

3. http://www.cidob.org/es/content/download/3459/36665/file/64barrutia.pdf&sa=U&ei=9PYWTuSoLs2VswbE9OSaDw&ved=0CA8QFjAB&usg=AFQjCNHXUUoWfJJ3ehndmCHLibxXox0Mjw

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Capitalismo...

El médico escéptico dijo...

Ciertamente el capitalismo no es perfecto. Pero habría que preguntarse si existe alguna alternativa.
No creo que un sistema opuesto, es decir socialista (en el que la investigación estaría bajo los auspicios del estado, es decir, de los políticos) fuera una mejor opción, dado que probablemente no se invertirían tantos recursos en la investigación, sino en otras áreas más prioritarias para los gobernantes de turno.
En cualquier caso es un tema interesante para debatir.

Zicmu dijo...

Gracias por el artículo.

La verdad es que no me había planteado nunca de esta manera el punto de vista empresarial. Ahora lo comprendo muchísimo mejor, aunque sigo estando completamente en contra.

Igualmente, es una lástima que no abunden los científicos como Alexander Flemming.

Un saludo.

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